Para empezar a explicar esta prueba se deben tener claro dos conceptos:
- Antígeno: sustancia que al introducirse en un organismo induce en este una respuesta inmunitaria, provocando la formación de anticuerpos.
- Anticuerpo: proteína producida por el sistema inmunitario del cuerpo cuando detecta sustancias dañinas (algunos antígenos). Algunos pueden ser microorganismos como bacterias, hongos, parásitos, virus o químicos.
Realmente se define antígeno de esta manera para entender cómo se produce la respuesta inmunitaria, pero un antígeno no tiene por qué ser dañino de por sí. Un buen ejemplo para mejor comprensión son los antígenos de la sangre. Una persona que es grupo sanguíneo A, tiene propiamente el antígeno A y no es dañino para esta misma, aunque sí lo sería para una persona que es sangre tipo B, pues presenta antígenos B y no antígenos A.
Los anticuerpos reaccionan con sus antígenos correspondientes. Siguiendo el ejemplo anterior pongamos un caso práctico:
Un paciente con sangre tipo A (antígeno A en sus células) tiene anticuerpos anti-B (pues si tuviera anticuerpos anti-A reaccionarían con su propia sangre, desencadenando un desenlace fatal). Si a este paciente se le realizara una transfusión de sangre tipo B se estarían transfundiendo células con antígenos B, pero lo más importante, anticuerpos anti-A. Por eso las sangres de diferentes grupos sanguíneos no se pueden mezclar (dependiendo de sus antígenos, la 0 por ejemplo no tiene ninguno de los mismos, pero ese ya es otro tema).
Así pues, una vez entendidos los conceptos antígeno - anticuerpo vamos a explicar como funcionan las pruebas de ELISA y su aplicación para los parásitos (para ello puedes consultar la parte II publicada el 27 de noviembre de 2020).

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